viernes, 15 de enero de 2010

Entrevista a Alfonso Azpiri (dibujante)

«El cómic terminará en Internet, pero el papel no desaparecerá»

El ilustrador sostiene que las tecnologías no restan protagonismo al boceto original,
pese a que están marcando una época

Llega puntual a la cita. El frío madrileño le hace aparecer con abrigo y bufanda. No se quita las gafas de sol. Le dan cierto aire de “estrella”. Alfonso Azpiri Mejía nació en Madrid hace 62 años. Músico de formación y de profesión, su verdadera vocación era el mundo de la historieta. Poco a poco le fue ganando terreno al piano, para acabar dedicándose casi sin darse cuenta al cómic. Es dibujante, guionista, ilustrador y también ha realizado carteles para el cine, como en la película “El caballero del dragón”, donde, incluso, diseñó trajes espaciales. Uno de sus personajes más conocidos, “Mot” comenzó a publicarse en El País en abril de 1988, que terminó en una serie de veintiséis capítulos de dibujos animados, además de recopilar las historias en seis libros. Esta serie acabó siendo motivo de disputa con la SGAE, de la que no quiere hablar, aunque es miembro de la misma. Con un pie entre el dibujo erótico y otro en la ciencia ficción, este dibujante de la antigua escuela también fabricó las carátulas para videojuegos de “Mot” y “Lorna”, su otro personaje famoso, y con quien se consagró en el dibujo erótico. Trabaja para las revistas Heavy Metal y Penthouse, y sus dibujos e ilustraciones se publican en Francia, Italia, Suecia, Bélgica, Alemania, Brasil, España y Estados Unidos. Vive rodeado de mujeres, y asegura que son todas creativas. Desde el pasado 12 de enero, y durante diez días, se podrá visitar en FNAC de Callao (Madrid) una exposición llamada “Del pincel al píxel”, con muestras de sus trabajos. En el marco de Expocómic 2009, que se celebró del 11 al 14 de diciembre, pudimos charlar con el ilustrador de Goomer.

M. Abellán.

¿Cómo ayudan los certámenes a la venta o relanzamiento del cómic?
Pienso que ayudan bastante, sobre todo al aficionado a tener contacto directo con el autor, los coleccionistas, en el fondo, lo que quieren es la firma, ver lo que hace el autor, que existe, ver el dibujo que es real. También ayudan a que se conozca mucho más el cómic. Los medios vienen e informan, y así, atraen a la gente que no es aficionada, al verdadero fan ya lo tenemos, por tanto, los salones atraen a otro tipo de público.

¿Cuáles han sido sus influencias en el dibujo?
Cuando empecé era músico, con la carrera de piano terminada, tocaba este instrumento y era mi forma de ganarme la vida. Pero lo que realmente me gustaba era la historieta, porque era lo que leía desde que era pequeño. Mis primeras influencias que, además, supusieron un cambio muy grande en el mundo del cómic fue cuando me di cuenta que el cómic era para adultos. En España comenzó a publicarse la historia de Esteban Maroto y eso me marcó mucho. Me dije que el cómic ya no era el FBI ni el Capitán Trueno, que había mucho más por delante. Fue cuando comencé a trabajar en esto, y uno de los autores que me influenció mucho fue Víctor de la Fuente.

Con De la Fuente trabajó en Italia. ¿Con él apareció su gran oportunidad?
Sí, durante seis años estuve haciendo 240 páginas al mes, y eso indudablemente hace que uno aprenda a dibujar. Con esa cantidad de trabajo, o aprendes a dibujar o hay que retirarse.

¿Ahí se dio cuenta de que valía para el dibujo?
La verdad que nunca me he dado cuenta, no he sido consciente. Eso me lo ha dicho el público con el paso de los años.

Pero sí debe haber un punto en el que uno se da cuenta de que puede vivir de esto. ¿Cuándo es consciente que no es una afición y sí un trabajo?
Cuando cambié mi profesión ya estaba casado y tenía una hija y entonces me salió un contrato para irme seis meses a Sudáfrica con un trío musical para trabajar. Pero decidí quedarme aquí para hacer lo que me gustaba. No sé qué habría pasado en caso de haberme ido, porque me quedé haciendo lo que quería.

Y a la vez tocaba con su grupo musical.
Sí. Seguía trabajando con el grupo y me acostaba a las 5 de la mañana todos los días, mientras mis compañeros se levantaban a las 2 de la tarde, yo lo hacía a las 9 de la mañana para dibujar. Pero era lo que me gustaba. Como dice un gran colega de la profesión Carlos Giménez lo único que sabemos hacer es dibujar. Así que donde mejor me encuentro es en mi mesita y dibujando mis viñetas.

Ha nombrado a Carlos Giménez, otro grande del dibujo español.
Yo era fan de Carlos Giménez cuando estábamos empezando, ahora somos amigos, incluso hemos hecho un libro juntos, El cementerio estelar, donde él hizo el guión y yo el dibujo.

¿Y cómo fue su inicio con el erotismo?
Cuando trabajaba en Trinca y cerró, ya me había planteado seguir mi vida en el mundo del cómic, entonces aquí no había trabajo y es cuando me fui a Italia a hacer 240 páginas al mes, eran eróticas y ahí aprendí a dibujar mujeres, hasta entonces no había dibujado una mujer en mi vida. Por entonces fue la apertura en España del erotismo en la viñeta, con La Revista.

Y a usted el erotismo se le daba bien.
Sí, o eso me decían. Con Lorna, por ejemplo, me encargaron una historia erótica, que unía el erotismo a otro género que me gustaba mucho como era la ciencia ficción, y surgió Lorna. Pero muchas veces son casualidades, como me ocurrió con Mot. Para Mot me llamaron de El País, se trataba de dibujar para niños, entonces yo hacía historieta erótica y no quería dibujar para niños, pero me convencieron de alguna forma y salió Mot y acabó siendo una serie de dibujos animados, y algún largometraje. Funcionó.

El público le apoyó una vez más.
Es que el público es el que dice qué vale y qué no vale. Uno puede tener una obra que es muy importante o que cree que es muy importante, pero que el público no arropa. Otras veces haces una cosa muy sencillita sin pensar que no tiene importancia y el público la acoge bien.

Y el dibujante, ¿nace o se hace?
En mi generación no había escuelas de arte ni de dibujo, éramos autodidactas, nosotros aprendíamos de los tebeos, los comprábamos y de ahí aprendíamos. De todos los dibujantes que conozco de mi generación y un poco más atrás, nadie ha estudiado dibujo.

¿Se consideran puristas los de su generación?
Hemos nacido en esa generación del dibujo. Además de historieta yo también hago carteles y ahí sí juego con otros elementos. A mí me gusta cambiar mucho las cosas, los carteles que hago no tienen nada que ver con la historieta, es otra búsqueda de gancho para el público, son cosas más abstractas, son diferentes. En aquella época había que dibujar. Entonces, los de mi época, nos hemos hecho dibujantes puros. Si hay que dibujar un caballo se dibuja un caballo, no valen cuatro patas.

¿Cuál es la gran diferencia entre los que aprenden el oficio en una escuela a los autodidactas?
Eso depende del autor. En mi caso cuando comencé a dibujar hubiera querido estudiar Bellas Artes, pero un profesional, Tito de la Fuente me dijo: “ni se te ocurra que te matarán todas las ideas que tienes”. No es lo mismo pintar un cuadro, (que también es técnica que se aprende en Bellas Artes) que un cómic en el que se necesitan cuatro mil viñetas, y con la misma cara. A los pintores les parece imposible, esto depende más de la imaginación. Se puede estudiar, se aprenden técnicas, pero éstas también se asimilan con el tiempo, es como el ordenador.

La informática no se le da mal.
Recuerdo que cuando yo cogí el ordenador por primera vez era un patán, no sabía nada ¿Cómo he aprendido? Pues equivocándome, fallando, dándole caña y perdiendo horas…así es como se aprende. Con el dibujo pasa igual, la forma de cultivarse es dibujar y dibujar, copiando a otros autores, viendo lo que hacían, sabiéndonos adaptar y así hasta hoy.

¿Cómo afecta la tecnología al dibujo?
Pues bastante. Dentro de veinte años mis originales y los de otros autores se van a revalorizar mucho, porque no habrá originales ya que todo se está haciendo por ordenador.

Pero, ¿hasta qué punto se le reconoce mérito al autor? ¿Es del autor o de la máquina?
No, el mérito es del autor. Por otro lado el mundo del ordenador, internet está marcando una época. El cómic terminará ahí también. Sólo en parte, no creo que el papel desaparezca del todo. No es lo mismo el papel que ver las imágenes en la pantalla del ordenador, donde se pierde la percepción del olor a papel, no tiene nada que ver. Habrá gente que se decante por una opción más que por la otra, pero el papel seguirá.

Qué opinión le merece que el cómic se haya puesto tan de moda con el cine. ¿Es un relanzamiento adicional?
El cómic siempre ha estado apoyado en el cine y el cine en el cómic.

El mundo del cine se basa mucho en coger guiones de los cómics.
Sí, pero veo que en el cine los guiones flojean mucho, se dedican a hacer muchos remakes, y hay cómics que son verdaderas obras maestras. Hasta ahora el mundo de la historieta era el que se apoyaba en el cine y ahora es justo al contrario, ha bajado la calidad y como hay grandes obras de cómics, ahora las aprovechan.

Entonces, ¿lo que hace el dibujante es un guión?
Sí. Los dibujantes estamos acostumbrados a hacer story-board. Yo he trabajado para varias películas, y para nosotros es un trabajo que hacemos a diario, que es contar una historia. Lo que creamos es una película, pero en imagen fija. Pero en este caso ocurre que el dibujante es el guionista, director, productor, el músico…es todo para hacer la película.

¿Por qué no se hace el make in off de cómo se hizo un cómic al igual que se hace con una película?
En mis libros ya se hace, se incluyen unas veinte páginas con extras, fotografías, detalles de cómo se elaboró el libro en cuestión. Cómo son los personajes, decoración y el ambiente, el story-board. Tengo un libro de bocetos (sketchbook), y como ese tengo varios, bocetos que me encargan donde aparece explicado el proceso. Cuando hablo por teléfono tengo costumbre de dibujar y con todos esos dibujos sacaré un libro.

Porque el boceto es el primer paso, ¿no?
Sí, es el primer paso que se da para la creación de algo, como en una pintura, por tanto es muy importante. Ahí se ve la salsa de un autor, la diferencia entre portada. El primer boceto es importante porque es donde se sabe si se puede tirar por algún sitio y por dónde tirar.

¿Algún consejo para los dibujantes noveles?
A los chavales cuando vienen y me dicen que quieren dibujar les digo: “¡Enseñadme bocetos!” Ahí es donde se ve si hay o no arte.

¿Considera al cómic como el noveno arte?
No sé si es noveno arte o qué, los que estamos en esto es porque nos gusta, hacemos lo que queremos. La gente lo acepta o no lo acepta, lo que sí es verdad es que nosotros tenemos un medio de comunicación, una manera de comunicarnos con la gente. Alguien en algún momento dijo: el cómic es un arte, como arte vamos a hacerlo de otra manera, entonces nos llevaron a los guetos, los guetos que son las librerías especializadas que me parecen maravillosas.

¿Son una ayuda las grandes superficies?
Sí, pero antes teníamos el quiosco, que era muy allegado al público. La gente llegaba, compraba el periódico y preguntaba: “¿Le queda el Ochenta y cuatro?” Al desaparecer La revista tan sólo quedaba el Ochenta y cuatro. Ahora empieza a resurgir con las grandes superficies. La FNAC, El Corte Inglés, nos apoyan mucho y recopilan mucho material. Hubo otro tiempo en que los periódicos publicaban tiras de cómics. Pero todos lo han ido dejando: El País, El Mundo… Todos.

Los diarios en la actualidad no les dan mucho apoyo.
Y no se dan cuenta con esa desaparición que el lector de estos cómics serán los futuros lectores de los periódicos. Se demostró con el éxito de El pequeño País. Conozco a mucha gente que aún guarda El pequeño País como recuerdo. Eso era importante, esos medios de comunicación, atraían al público, a través del cómic, al mundo de la prensa. Cuando hay que hacer recortes económicos el primero que va a la calle es el dibujante de cómic, no se dan cuenta de que los futuros lectores de periódicos son los lectores de historietas. Llegas con la historia seria a la divertida o viceversa.

El arte del dibujo, ¿llega por inspiración?
No, es un trabajo y no hay horas donde se dibuje más que en otras. Eso sí, es un trabajo al que se le tiene un amor increíble.

¿El dibujante de historietas también es coleccionista?
(Ríe). Si estuviera mi mujer diría: “¿Qué?” Soy coleccionista desde hace muchos años. La casa está llena.

Por último, ¿alguna de sus hijas le seguirá los pasos?
Tengo tres hijas y dos nietas. Mi hija mediana trabaja por ordenador, ha estudiado Bellas Artes, pintaba muy bien, pero allí le quitaron las ganas de seguir. Con cuatro años hacía pinturas al óleo. Tengo cuadros de mi hija Lorena de cuando tenía cuatro años que son una maravilla. Pero la metió su madre en una academia y le daban papel y lápiz para pintar y ella decía: “¿Pero, esto qué es? Si yo pinto al óleo…” y le quitaron las ganas. No ha vuelto a pintar, ahora con ordenador hace cosas muy majas, y además, bien. Todas mis hijas tienen la rama artística. Tengo otra hija que escribe, hace sus pinitos.


Boceto de Lorna