viernes, 18 de diciembre de 2009

Madrid, Madrid, me desesperas...

Volver, aunque sea tres veces al año, ni me cansa ni me aburre. Volver siempre a Madrid. En esta ocasión, y sin esperarlo ha sido si cabe aún mejor, sin desmerecer visitas anteriores.

El viaje comenzó el sábado día 12. Vuelo a las 6.30 de la mañana para aprovechar bien el día. A las 11 de la mañana ya estaba en Expocómic. Allí fui a realizar una de las entrevistas para Especializado. Alfonso Azpiri fue el autor elegido, uno de los mejores dibujantes españoles. Hombre encantador y con ganas de hablar, me contó muchas cosas de su forma de dibujar y de él mismo, además de hacer una demostración de su gran personaje: Lorna.

Azpiri dibujando a Lorna y durante la entrevista


El domingo fue el día elegido para visitar la exposición Viaje alrededor de Carlos Berlanga. Para gente que le fascinó la Movida madrileña, además de su música. Es un repaso a la forma de vida que tuvo este músico, con sus cómics, escritos, bocetos y pinturas que son recomendables para seguidores acérrimos de la época. Así, me enteré que el cartel de la película Matador era obra suya.

Cartel de Matador. Puerta de la Sala El Águila
Con el frío siempre de fiel compañero, el martes llegó uno de los días más especiales de mi vida. Vivo de ilusiones, como mucha gente, algunas se pueden hacer realidad y otras, no. En este caso, con la inestimable colaboración de Sirvi, se realizó una de las que deseaba desde que tengo uso de razón: visitar el Congreso de los Diputados. Y no me decepcionó. No es tan pequeño como dicen, y es un edificio precioso decorativamente hablando. Con sus tiros de Tejero, los escaños que tan acostumbrada estaba a ver por la tele…todo existía, pero no igual, nada tiene que ver con la tele. Allí es majestuoso, elegante, acogedor y tiene un punto cercano al ser un lugar que he visto tantas veces en imágenes. Comprobar que los sitios existen. Me siento como volver a creer en los Reyes Magos.






Por la tarde teníamos pase para ver debatir a los diputados, verlos "trabajar", y aquí sí que fue decepcionante y vergonzoso. A las 4 de la tarde no había casi nadie en su escaño, Llamazares, Rosa Díez, pero mareando más que otra cosa, y Soledad Becerril hablando a la grada vacía, a excepción de los visitantes anónimos, es decir, nosotros. El sistema es acudir antes de las 8 a votar, el resto parece que les da igual. José Bono apareció a las 4 para dar paso a Becerril que fue la primera en exponer, y a partir de ahí desapareció dejando a su sustituta. Mención aparte a las tipografistas, todas mujeres, que son verdaderas máquinas en su trabajo.

Llegó la noche y otra sorpresa, Sabina siempre lo es, aunque he ido a muchos conciertos de él. Pero el Palacio de los Deportes de Madrid, aunque no pensé jamás que entraría allí, me fascinó tanto, que estuve más pendiente de girarme continuamente para ver ese recinto enorme lleno de gente, que del propio concierto. Sólo quería que aquello quedara en mis retinas para siempre. A Joaquín probablemente vuelva a verlo, pero no sé si en este recinto, o si volveré a él, así que muchas, muchas fotos, y el gran recuerdo. El concierto: paqué. Es don Joaquín. No hace falta decir mucho más. El puto amo. Con su Pancho Varona y Antonio García de Diego, inseparables entre ellos, menudo trío hacen. En esta ocasión ya no está la voz de Olga Román, Sabina presentó a Marita Barros, que lo hizo muy bien.

El martes también nos dejó la visita al Conde-duque para ver la exposición de César Lucas “El oficio de mirar”. Si os acercáis por Madrid estos días, no dejéis de verla. Os gustará seguro.

Y entre frío, cafés en los Starbucks, más frío, metro, risas, más risas, recorrimos kilómetros y kilómetros de esa gran ciudad tan fascinante, y que jamás decepciona.